El paso de Hitler por Bélgica



Bruselas recibe el nombre de la capital europea gracias al reconocimiento de Bélgica como país neutral durante la II Guerra Mundial. El hecho de encontrarse en una posición geográfica tan notable hizo que numerosos puntos bélicos se encontrasen en el país. Gracias a ello, actualmente se pueden localizar numerosos recuerdos de estas guerras por todo el país, desde conmemoraciones hasta museos, pasando por grandes cementerios y fortificaciones armamentísticas. Además, grandes historias quedan en la memoria de los belgas, convertidos actualmente en el centro de Europa.

Bélgica, a pesar de mantenerse neutral al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el país y sus posesiones coloniales se vieron forzados a entrar en guerra el 10 de mayo de 1940, debido a la invasión de los nazis. Antes de esta decisión, ya existía un estado de guerra entre Francia y Alemania, pero en la frontera occidental la población seguía su ritmo de vida normal. Incluso, se popularizo la “drole de guerre” o lo que es lo mismo, la “falsa guerra”, puesto que en Bélgica no se había producido ni un solo disparo. Más tarde, los panzers, fuertes ataques estratégicos utilizados por los nazis, comenzaron a desarrollarse sin cesar, consiguiendo rápidamente la invasión de Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. En este proceso, el Ejército belga resistió 18 días de duro combate, hasta que no tuvo otra opción que rendirse ante Hitler, iniciándose así una ocupación que duró hasta la liberación de Bélgica en 1944.7

Durante los siguientes años de guerra, Bélgica fue bombardeada debido a la invasión nazi por las fuerzas británicas y estadounidenses. Uno de estos bombardeos fue el de la fábrica Erla en Mortsel ocurrido el 5 de abril de 1943. Este hecho causó la muerte de 936 belgas y 1.342 resultaron heridos, la mayoría de ellos civiles que vivían en los alrededores, algo que sorprendió a la mayoría de belgas que llevan años sin ver un derramamiento de sangre. Por suerte o desgracia, no se pudieron usar componentes químicos en estos bombardeos ya que en la I Guerra Mundial, en la localidad de Ypres, al norte del país, descubrieron que la utilización de agentes químicos en el campo de batalla era ineficaz y no se podía controlar, por lo que se prohibió el uso de este ataque durante el avance de la II Guerra Mundial en todo el mundo.

No todos los belgas estuvieron de acuerdo con la invasión y los planes de Hitler, por lo que se formó para combatir a los invasores una fuerte resistencia belga que contaba con un gran número de seguidores, comunistas así como flamencos, socialistas y democratacristianos. Muchos de ellos no resistieron y algunos de ellos fueron ejecutados, y otros recluidos en campos de concentración. En 1942, se estableció la Legión Belga, con el fin de mejorar la organización de la resistencia belga contra los alemanes.

El 4 de setiembre Bélgica fue liberada, y el Gobierno, que se encontraba en aquel momento en el exilio en Londres, siguió controlando el Congo y Ruanda, donde conseguía reclutar hombres para que pudiesen continuar la lucha en Europa.

El recuerdo aun patente


“En Bélgica se produjeron grandes hechos históricos durante la guerra, además hoy en día se conservan grandes monumentos por todo el país. Aunque los belgas preferimos no acordarnos de lo que sufrieron nuestros familiares”, afirma Frédéric Louault, profesor de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Bruselas.

La Batalla de las Ardenas, desde el 16 de diciembre de 1944 al 28 de enero del año siguiente, es el último enfrentamiento de la II Segunda Guerra Mundial que se produjo en Bélgica. Es en Neuvile en Condroz donde se encuentra el Cementerio Americano de las Ardenas, que alberga 5.328 tumbas de estadounidenses que murieron en esta última batalla. Otro de los grandes recuerdos aun patentes se encuentra en Hombourg, el Cementerio de Henri Chapelle, donde fueron enterrados 7.992 norteamericanos.

Por otro lado, se encuentran los dos grandes museos bélicos importantes del país. El Museo de la Batalla de Ardenas, donde se pueden observar más de 120 maniquís de los ejércitos ingleses, alemanes y americanos, equipados para la guerra. Además, se pueden admirar una amplia colección de armas, documentos militares, objetos personales y vehículos armamentísticos. Lo mismo ocurre con el Real Museo de las Fuerzas Armadas y de Historia Militar de la capital belga, donde además se puede disfrutar de un amplio pabellón dedicado a la historia de la aviación.

Hoy en día, el recuerdo de la II Guerra Mundial permanece en las historias de todos aquellos belgas que no sólo vivieron la guerra de cerca, sino que muchos de sus familiares sufrieron las consecuencias. Por ello, cada año, Bastogne y localidades vecinas de Valonia, conmemoran con gran conmoción lo ocurrido. “Es un acto muy importante para los belgas, por todos lados ves banderas belgas. Me parece una bonita idea de lo olvidar lo ocurrido”, comenta Sonia Sancha, una estudiante española que tuvo la oportunidad de asistir a la conmemoración de la batalla.

Hitler ya conocía Bélgica

Fue mucho antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial, cuando la locura del nacionalsocialista más famoso del mundo se hizo fuerte en territorio belga. Adolf Hitler ya conocía Bélgica 25 años antes de la II Guerra Mundial. Fue en la localidad de Ypres donde las trincheras que sirvieron a los alemanes como defensa en Los años 1941 y 1942, salvarían la vida de Hitler en el campo de batalla durante la I Guerra Mundial. El papel del joven dictador era recorrer las trincheras de un lado a otro transmitiendo mensajes, descubriendo así su gran vocación.

Los búnkeres subterráneos que aguantaban los bombardeos durante días fueron los que consiguieron que un joven Hitler consiguiera adeptos a sus disparatadas ideas. En estos emplazamientos bajo tierra se podían salvar hasta 50 hombres gracias a varios metros de hormigón reforzado. Y era en este pequeño espacio donde el dictador tenía un amplio público para su propaganda. Además, aquí también tuvo la oportunidad de contraer amistad con su único amigo, un perro que le acompañaría a todas partes.

Hoy en día, tanto las trincheras como los bunkers que salvaron la vida del mayor dictador de la historia y que aún permanecen en perfecto estado, pueden ser visitadas. Un lugar donde la historia permanece reflejada en suelo belga. “Es un viaje al pasado que te pone los pelos de punta aunque las huellas de la guerra hayan casi desaparecido tras la reconstrucción”, comentaba Ander Marrán, un bloguero español residente en Bruselas.

Bruselas, capital de Europa

Tras todas experiencias en la Segunda Guerra Mundial, Bélgica tuvo que abandonar su postura neutral en la política internacional a favor de una integración militar, política y económica. En 1949, Bélgica se unió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y desplegó tropas que lucharon junto a las fuerzas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la Guerra de Corea de 1950. Económicamente, Bélgica se unió a la Unión Económica del Benelux en 1948 y fue miembro fundador de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1952. De 1944 a 1960, se experimentó un periodo de rápida recuperación económica, conocido como el “milagro belga”, en parte gracias al Plan Marshall.

En las décadas posteriores a la guerra, se erigieron un gran número de monumentos públicos en honor a los soldados belgas que fallecieron luchando en la causa aliada. En Bruselas existen hoy en día numerosos monumentos y calles dedicados a políticos y generales aliados, como Franklin D. Roosevelt o Bernard Law Montgomery. Existen también varias asociaciones de veteranos, llamados “fraternelle” o “amicale”, en francés, además de que ciudades como Bastogne son frecuentemente visitadas por veteranos de otros países. Asimismo, desde 1995, es ilegal el negacionismo del Holocausto en Bélgica.

Por todo ello, queda patente en la mentalidad europea el papel de Bélgica durante la Segunda Guerra mundial, quien destacó notablemente durante la expansión alemana, resistiendo y colaborando a poner fin a esta masacre, lo que ha llevado a convertir a Bruselas en la capital de Europa.

#Europa #corresponsal #trabajo #Bruselas

  • Instagram Social Icon
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon

 

© 2013 El Joven Tintero  |  C/ Paradinas, 18, 1ºD 28005 Madrid (Spain)  |  +34 610 98 77 70 | redaccion@eljoventintero.com

Copyright El Joven Tintero | All Rights Reserved.