'Tarde para la ira': no tardes en verla


José Cabrera -

Ya repasamos en El Joven Tintero algunos de los trabajos más destacados de Raúl Arévalo, un breve repaso por su carrera. Este camino sin embargo podemos aventurar que va a dar un giro artístico fundamental gracias a Tarde para la ira. No estamos sólo ante un actor joven pero de dilatada experiencia, tenemos delante también a un magnífico director.


De esta ópera prima de Raúl Arévalo se está diciendo de todo, y casi todas las críticas son buenas, no es para menos. De las muchas sensaciones que la cinta te trae a la sala de cine hay una que no se ve todos los días; la gente removiéndose en la butaca. Hacía mucho que no oía al público resoplar tras perder el aliento, hacía mucho que no experimentaba como la misma película, y no alguien de la sala, ponía en silencio a toda la audiencia, incluido el clásico espectador que necesita comentar cada fotograma a sus allegados continuamente. La película de Arévalo te manda, a ritmo de rumba, de nuevo al hall exhausto, en el mejor de los sentidos.

En Tarde para la ira se ven muchos de los tótems de su creador, se ve a Peckinpah, a Díaz Yanes, a Jacques Audiard y por supuesto a Carlos Saura. El director además rueda inicialmente en 16mm, un antojo que acaba por ser imprescindible y que aporta todavía más sequedad y crudeza al resultado final. Arévalo, como primerizo en la dirección, podía haber caído fácilmente en el exceso, la pretenciosidad, o por el contrario en apuntar muy alto y quedarse corto. Nada más lejos, estamos ante una primera obra que, si bien no es perfecta en términos de ritmo por ejemplo, nadie podría aventurar jamás que se trata del primer largo de su director. En esto creemos que ha tenido mucho que ver su trayectoria como actor, ya que el film destaca principalmente por dos aspectos; la elección de actrices y actores y lo creíble de su guion.


El actor Antonio de la Torre vuelve a estar inmenso y, con el miedo por parte de algunos a que se encasille, construye un protagonista desgarrado por la vida, obsesionado por la venganza. Luis Callejo, al que vimos hace poco en la película de Paco León, Kiki, el amor se hace, forma dúo con de la Torre en un papel que huele a Goya más que merecido. Ruth Díaz, a la que felicitamos por su premio en Venecia, destaca por encima de todos, llevando con soltura el papel de un personaje torturado por las circunstancias que sin haber elegido, debe afrontar. Y no somos originales, pero nos vemos obligados, al hacer una mención especial a Manolo Solo, que se adueña por completo de una de las mejores secuencias de la película.

Sin duda Arévalo ha puesto todo su saber acumulado durante años de trayectoria como actor en escoger un plantel impresionante, al que podríamos dedicar todo el espacio de este artículo tanto en protagonistas como secundarios. Pero todo este talento junto se sustenta gracias a un elaboradísimo guion y trabajo de dirección durante el rodaje, creando una sensación de credibilidad que pocas veces se ha visto en la historia del cine. Absolutamente todas las situaciones, diálogos y cuadros de la cinta resultan creíbles.

Raúl Arévalo no quería dejar indiferente con su cinta, y se lo agradecemos. Ahora toca disfrutar todo lo posible de esta hasta que llegue su próxima creación. No dejen de ver cine, y si puede ser Tarde para la ira, mejor.

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