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Las marcas llegan a pagar a un influencer hasta 300.000 €



El 28% de la población mundial que tiene cuenta en una red social ha experimentado la llegada de los influencers. Desde hace seis años, consiguen mover a cientos de miles de seguidores, ganar hasta 300.000 euros por subir una foto a Instagram y las marcas desarrollan estrategias de marketing por conseguir trabajar con alguno de ellos. Un fenómeno de masas que va ligado no solo al negocio, sino también a la salud, ya que estos jóvenes de entre 18 y 29 años han comenzado a sufrir trastornos psicológicos debido a Internet.


No es alguien que se define como tal, ni que llama a una marca que le patrocine. Tiene un gran estatus porque su comunidad se lo ha otorgado. Sus followers se ven influenciados por su forma de pensar, de cómo vestir e incluso de dónde comer una hamburguesa. Esta nueva figura mediática que surgió hace seis años mueve millones de euros alrededor del mundo, aunque muchos saben que esto no es para siempre.


La persona influenciadora que lo desee puede hacer de este estatus una profesión, “lo normal es asociándose a marcas”, afirma la Social Media de Havas Media, Laura Vázquez Viaño, usando indirectamente o recomendando directamente productos tan dispares que pueden ser desde los cereales que desayunan hasta complementos de lujo, pasando por zapatillas de deporte y cd’s de música, ganando desde 200 € hasta 300.000 € por publicar una foto en una de las redes sociales más de moda, Instagram, como lo han demostrado las modelos Alessandra Ambrosio, con 6 millones de seguidores, y Kendall Jenner, quien cuenta con 57 millones de fans, ganando desde 125.000 dólares hasta 300.000 por una foto en Coachella Festival, según la revista Forbes, un evento para ricos y famosos en el que el precio de las entradas ronda desde los 375 hasta los 6.900 dólares.


Instagram, el rey de las redes sociales


Internet es la base de este nuevo mercado, y las redes sociales quien lo hace posible. Es Instagram (IG) el medio más utilizado por los influencers. Según una encuesta realizada por este medio a 176 personas (69,9% mujeres y 30,1% hombres, en la que el 81,3% está entre los 18 y 25 años, seguido del 15,3% en el que se encuentran los jóvenes entre 25 y 35 años), el 67% sigue a estos líderes en las redes sociales, el 55,5% lo hace en esta IG, dejando Youtube en la segunda posición con 32,8%.


Uno de los principales motivos por los que las marcas con un target joven desarrolla más sus estrategias en IG es porque "en los tres últimos años y solo en Estados Unidos, más de 3 millones de adolescentes se han dado de baja en Facebook", según refleja la empresa de marketing online, Brand Maniz. Mientras, Instagram crece como la espuma, registrando a finales del 2015, un total de 400 millones de usuarios nuevos, una cifra con la que logró superar a Twitter, con 316 millones de cuentas activas, según anunció la compañía.


Con estos datos sobre la mesa, las marcas focalizan sus estrategias en las llamadas instagramers, las influenciadoras con las que consiguen conectar a la marca con su comunidad “de una manera mucho menos agresiva y efectiva que la publicidad tradicional”, según la periodista e influencer, Ana Fernández Pardo. Por su parte, estas influencers o egostagrammers también han sabido aprovechar el tirón y han encontrado una nueva fuente de ingresos. Si hasta ahora para las colaboraciones con las marcas la blogger necesitaba un post, varias fotos y algo de texto, con el triunfo de Instagram, las egostagrammers solo requieren una única fotografía con el hashtag que se haya acordado con la marca, reconoce Fernández Pardo. Además, el 50,4% de los encuestados reconoce haber comprado, comido o visto algo porque un influencer lo haya compartido.


“Es injusto que los súper famosos sean influencers”


Pero como en otras profesiones, el intrusismo laboral también está presente. “Es injusto que los súper famosos sean influencers. Porque seas famosa no está bien que subas cuatro fotos pixeladas -con mala calidad- y no pase nada”, afirmaba indignada la estilista e influencer, Erea Louro. Algunos alcanzan altas cifras de followers, como la actriz Paula Echevarría con más de 1 millón, y “es el jardinero quien le hace las fotos”, comenta Fernández Pardo. Por el momento, a pesar de que en el artículo 20 de la Constitución Española se reconoce y protege la libertad de expresión, no hay un marco legal que proteja a los profesionales de este sector frente a aquellos que han visto su popularidad en la red “creyéndose gurús que ni saben de lo que hablan”, añade la estilista. "Como en Youtube, ves canales increíbles, que me dan mil vueltas pero no tienen enganche. Hay tanta gente que quiere ser youtuber que pierden la espontaneidad”, según afirma el joven youtuber, Alex Puértolas.


Un influencer empieza sin darse cuenta


El filósofo francés Gustave Le Bon afirmó en Psicología de las masas, que la sociedad necesita líderes a los que seguir, mientras que estos inconscientemente les guían. Por ejemplo, Louro estudió periodismo y creó un blog por “aburrimiento”, pero poco a poco vio que la gente empezaba a pedir looks, un proceso que le ha llevado a tener una comunidad de seguidores que ya supera los 52.400 followers. Otro ejemplo es Puértolas, quien empezó en Youtube “por una situación sentimental, con un Ipad mini”. Después de que lo suyo con su expareja acabase, decidió desahogarse en la red, y actualmente ha creado "una pequeña familia”, según afirma orgulloso, que se compone de 222.250 subscriptores en su canal de Youtube y más de 129 mil followers en Instagram. “Ahora, cuando estoy en enfermo en vez de no hacer nada, hago un vídeo, ‘Cosas que hacer cuando estás enfermo’, algo que nunca habría pensado hacer”, señala este joven de 25 años.



Un perfil definido: ser cercano


Ambos influencers, Puértolas y Louro, a pesar de tener como base diferentes plataformas de trabajo, tienen una idea en común: “Hay que ser cercano, la gente te coge cariño. Aunque antes las influencers eran cercanas, ahora no”. Además, cuando firman un contrato con determinadas marcas, lo tienen muy claro, “tiene que ir contigo, que lo recomiendes porque realmente te gusta, o que desayunes unos cereales porque te encanten y no porque te lo dicen, porque al final todo se ve. La gente puede saber que te estás vendiendo, y a tu comunidad no les va a gustar”. Fernández Pardo es la representante de la actriz e influencer, Esmeralda Moya, quien reconoce “jugar con ventaja” a la hora de tener más fama en las redes gracias a ser conocida por ser actriz, no por blogguer. Moya empezó a hacerlo todo, contactar con marcas, subir las publicaciones, acudir a eventos, pero tras ser madre para ella resultó “imposible”. Además, reconoce que “hablar de presupuestos es un poco violento, prefiero tener a Ana, ella me acompaña al evento, y ella se pelea mientras yo poso en el photocall”. Otras como Louro, prefiere hacerlo todo ella, “me da vergüenza hablar con mi representante, mientras que tenga tiempo prefiero hacerlo yo”, afirma. Además, señala que ha tenido malas experiencias con representantes, “si un talent manager cae mal perjudica mi trabajo, no el suyo”.


Pero son ellos mismo quienes deciden como gestionar sus redes sociales. Por ejemplo, muchas son las críticas contradictorias que reciben cada día por incluir a su familia o su vida privada, e incluso por no hacerlo. “Hay que pensar hasta que punto merece la pena”, señala la actriz, quien en su caso muestra a su marido una vez cada mes y medio, “más que nada porque sino empiezan a correr los rumores de que lo hemos dejado”. Y en cuanto a exponer a su hijo ante la mirada de los más de 83.200 followers que tiene en Instagram lo tiene claro: “no, nunca. Es muy respetable las mamás que sacan a sus niños pero antepones la privacidad del niño”.


Por su parte, Puértolas señala que “es lo que te salga, naturalidad, si fuerzas se nota. Lo mejor de enseñar es que así no pareces tan celebritie”. Y con él, más del 25% de los encuestados también prefieren ver la vida privada de la persona antes que su profesión, aunque más del 88% de los chicos y chicas prefieren que haya un híbrido entre ambas partes, ya que, como reconoce Lorena Mezquita, estudiante de Periodismo de 22 años que ha realizado la encuesta: “Si muestran su vida privada, da mucha más confianza y parece mucho más honesto, que lo que publican es porque verdaderamente les gusta y no porque les están pagando, aunque lo hacen. Dan esa sensación de confidente que te recomienda las cosas”. Aunque, por ejemplo, Guillermo Sáez de 20 años, estudiante de Bella Artes, reconoce que “podría suponer un peligro para ellos, como le pasa a El Rubius -(@ElrubiusOMG)-, con gente llamando a su casa”.




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