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¿Valón o flamenco, francés o neerlandés, de que parte estas?


En el corazón de Europa se encuentra Bélgica, un país históricamente dividido por dos lenguas. En el norte se sitúa la región de flamenca de Flandes, nacionalista, acaudalada y anti-francófona. En el sur, la zona pro-francesa de Valonia, con un 32 por ciento de territorio belga. Dentro del mismo Estado se encuentran diferentes aspectos cotidianos, como la forma de saludar, ver la televisión o utilizar el transporte público. Bruselas, la región bilingüe y neutral, alberga el mayor número de diferencias entre estas regiones.

Bélgica, un país que acoge la mayor parte de las instituciones europeas, está dividido en tres regiones, y a su vez en tres zonas lingüísticas. Un espacio donde se habla el neerlandés, con un 60% de la población total del país, llamada la región de Flandes. Con un 0,53% de territorio total del país está la región de Bruselas Capital, y otra zona conocida como la región de Valonia, que cuenta con una pequeña franja germano hablante pero francófona en su mayoría. Se trata de una diversidad lingüística por la que siempre han surgido conflictos político-sociales. Tanto es así, que es el único país que batió el record con 541 días consecutivos sin un gobierno debido a las indiferencias entre ambas zonas.

Tan dividido se encuentra el país que ellos mismos han decidido tener sus propios servicios, como los canales de televisión. En Flandes optan por una política abierta a Europa y no doblan las películas ni las series en ingles, únicamente añaden subtítulos en neerlandés. Se cree popularmente que los flamencos se sienten más cómodos hablando en inglés que en francés. Como ejemplo, el joven erasmus Javier Pérez, asevera que “en Amberes no se puede hablar con nadie en francés, lo rechazan, incluso los trabajadores públicos, prefieren que hables en ingles”. Por el contrario, lo que sucede en el sur de Valonia es que la mayoría de habitantes no hablan flamenco, ya que los valones ofrecen una programación únicamente en francés.

Otro de los ejemplos de fragmentación es que en un país tan pequeño, con apenas 11 millones de habitantes, es que no se puede viajar con un bono a la región opuesta. En Valonia, existe el transporte público TEC, o mejor dicho, Transport En Commun; en Flandes, se encuentra la red de autobuses De Lijn; cada región con su transporte, sin mezclar ni ayudar a los ciudadanos de otras regiones a desplazarse por todo el territorio belga. A excepción del sistema nacional de ferrocarriles, que es el gran nexo de unión entre los belgas y constituye su principal modo de transporte.

Diferentes hasta para saludar

¿Se les puede diferenciar a la hora de saludarse entre ellos? Si, ya que a pesar de convivir a escasos metros o kilómetros, los valones y los flamencos, tienen diferentes formas de saludarse. Los francófonos tienden a dar un beso en la mejilla como saludo, independientemente del sexo, aunque esas personas no se conozcan. A su vez, en Flandes eso es difícil de ver, en este caso se dan la mano para saludarse, da igual si es chica o chico, pero cuando ya hay cierta relación afectiva de amistad o familiar, se dan hasta tres besos.

Por otro lado, se encuentra Bruselas, conocida como la capital europea, que recibe el nombre oficial de Región de Bruselas-Capital, que alberga en su interior 19 comunas. Es la única zona bilingüe. Esta ciudad internacional se encuentra en continúo conflicto debido a que está situada en territorio flamenco con el 80% de francófonos. La mayoría de belgas discurren en que “Bruselas es para muchos la que mantiene unido el país, además de la monarquía”, comenta Marie Christine, una profesora francófona de la Universidad Libre de Bruselas. A pesar de ello, esa realidad es ficticia para muchos.

Uno de los casos curiosos es que no se puede votar, a pesar de ser obligatorio y penado en caso de no hacerlo, a los partidos políticos cuya lengua sea diferente. Con ello consiguen, que la mayoría de francófonos que se encuentra dentro de Bruselas, tengan que aprender flamenco. Lo mismo pasa cuando se quiere adquirir una vivienda. En varias de las 19 comunas, cuando un individuo no habla flamenco y quiere adquirir una propiedad, puede darse el caso de que la venta no se llegue a realizarse. Asimismo, la ley belga da derecho a estas comunas a realizar un pequeño examen de flamenco para ver si se conoce el idioma antes de poder adquirir la propiedad. “Es mera burocracia política, entre los ciudadanos de a pie esas diferencias no existen”, opina Gäel Koster, un hostelero de Flandes.

Los valones por consiguiente son más independientes, algunos de ellos no entienden por qué actualmente existe este problema político. “Tenemos una lengua y una cultura diferente, pero siempre hemos estado unidos, hemos sido un país. Desde 1995 somos una monarquía federal y ha funcionado. Cuantos más mejor, la unión hace la fuera”, afirma el joven valón, Michel Lanser. Una de las situaciones que llevó a los flamencos a manifestarse en contra de los valones ante el Gobierno belga fue la decisión de cambiar el nombre de La Comunidad Francesa de Bélgica, pasando a llamarse Federación Valònia-Bruselas, una decisión que la comunidad de Flandes acogió como una provocación.

Por el momento, los flamencos y valones continuarán como lo han hecho hasta ahora, dentro de un mismo país, bajo la representación de un único rey y una bandera, sin embargo cada uno por su lado. Seguirán teniendo cada región su propia comunidad, con sus partidos políticos a los que solo podrán votar los ciudadanos que conozcan su lengua, sus diferenciadas escuelas, sus canales de televisión, sus medios de comunicación, y como no, su propia lengua.

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