"Tu as de beaux yeux...", por Equis Sin Apellidos



Javier Mateo -

Cada día y cada noche nos cruzamos con miradas, rostros y vidas que para nosotros son simples desconocidos, pero que con algunas pasa, y sin saber por qué, te quedas prendado de aquel chico de cabello castaño y ojos verdes que sube rápido las escaleras del metro, o de aquella chica de cálida mirada que usa el último aliento de la batería del móvil para avisar de que todo va bien de camino a casa. Algo extraño, ¡qué tontería si no sabemos ni su nombre! Pero sí, ocurre, quizá no muy a menudo, pero si para recordarlo siempre. Algunos lo llaman "química" y otros "amor a primera vista", yo no se lo que es, pero lo que si sé, es que ocurre, y te castigas contigo mismo por no conocer a esa persona, te lo digo por experiencia, hazme caso...

La luz es cálida, pero ese color rojizo perturba como lo haría una luz de neón en uno de los callejones oscuros de París. La improvisada música forma ondas en el vino que sujeto gracias a una copa que no sé muy bien de donde ha salido, pero agradezco no tomarlo en vaso de plástico. Idiomas, nacionalidades y ganas de compartir buenos momentos se han convertido en el aperitivo central. Y fue en ese momento, tras sonreír amablemente a todas aquellas personas que por desgracia, o incluso por suerte, cuando sucedió. Estaba ahí. Esa misteriosa persona de los ojos negros al fondo de la fiesta, es Equis, si, ¿la ves? Bueno, da igual, yo sí y no dejaré de cruzar mi mirada con la suya toda la noche, porque lo sé, hemos conectado, y Equis lo sabe, ¡claro que lo sabe! Pero, ¿por qué? Si lo supiera quizá ahora escribiría estas líneas junto aquella persona, y Equis tendría apellidos.

No creáis que no lo intenté. Miradas cómplices, torpes acercamientos... pero nada, como si un muro se hubiese levantado entre nosotros....

Un momento, se ha abierto una grieta y un débil ladrillo deja que ambos podamos acercarnos como si fuésemos ratoncillos hacia una trampa, ¡no será difícil que alguno de los dos podamos pasar!

"Tu as de beaux yeux...", sí, lo había conseguido, era Equis susurrándome tímidamente algo en francés... pero espera, espera, espera... ¿dónde voy?

"¿Dónde estabas? Corre, ven, te estamos esperando"... y como si de un niño se tratase, agarrado por el brazo me alejé de Equis sin apartar la mirada. Alguien quiso sellar el muro de nuevo...

La esperanza es lo último que se pierde, así que sin quitarme de la cabeza aquella frase, me imagine lo siguiente que yo le diría, quería saber todo sobre Equis, como si de un libro interminable se tratase, y mis ojos no eran lo único que quería que descubriera de mi.

"Nos vamos", escuché sorprendido. Una voz familiar me despertó de mis fantasías y algo me dijo que eso no era bueno. Efectivamente, me iba de aquel lugar tan especial, y Equis no vendría con nosotros.

Una mano alzada, en mitad de una oscura calle, fue lo que le dediqué por última vez a Equis, quien cerca de la puerta no sabía que hacer, olvidando que por aquel entoncessin abrigo pronto pagaría las consecuencias. Pero como si del destino se tratase, alguien estiró del brazo de Equis, y alargando su brazo hacia mí, consiguió desaparecer tras esa puerta que nunca más se abriría para mí.

¿Qué pasó? Sencillo. No he vuelto a saber nada sobre Equis, a quien decidí llamar así porque no puedo de otra forma. Al día siguiente, a pesar de que el vino no había pasado en balde, comencé la investigación, como mínimo me merecía recordar nítida su cara, y quitarle el nombre de Equis. Pero como si de un fantasma del pasado se tratase, no hallé rastro alguno, ni fotos ni amigos, nada.

Quizá ahora estas pensando en aquella persona, ¿verdad? Pues no te preocupes, a todos nos pasa, esa sensación de que nadie llega para quedarse, y que tal vez, por eso prefiero los enamoramientos fugaces, aunque no es fácil ser consciente de que los vínculos creados en apenas minutos se puedan destruir en unas horas. Puede que si buscase a Equis creásemos algo que no esté mal, incluso algo que pudiese funcionar para siempre, pero de momento, no puedo contener las ganas de pensar que tal vez a Equis solo lo puso ahí el destino como una prueba, y que Equis Con Apellidos me está esperando ahí fuera y cuando menos me lo espere aparecerá para repetir una y otra vez, "tu as de beaux yeux...".

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