'No me has visto', por Fabio Romojaro


El otro día alguien a quien solía considerar una pieza fundamental en mi vida volvió como suelen volver todos los que se marcharon sin avisar: como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Aún así me miró con sonrisa tierna y cara de conocerme y me dijo: no has cambiado. Al principio me lo tomé como un “qué alegría que sigas siendo el mismo” o un “qué suerte encontrarte en la misma situación en la que te dejé”. Sinceramente hubiera preferido pensar eso. Al rato comprendí que me sentó como una patada en los cojones, como un vuelo que pierdes o un atasco cuando estás deseando desconectar de toda la mierda de la ciudad. Quise gritar: Y tú qué sabes, si no has estado aquí para verme.

¿Cómo puede pretender alguien encontrarte de la misma manera después de todos los vasos rotos que tuviste que recoger tú solo?


No. No me has visto. No me has visto obligarme a alimentarme de lo que de verdad era bueno para mí y no de lo que yo consideraba que era bueno para mí. Ni abriendo los ojos como ventanales a un rascacielos hubieras sido capaz de entender qué es lo que tanto atormentaba mi insomnio. Nunca fuiste cura. Ni siquiera una simple receta para cumplir con lo dicho.

No me has visto. No me has visto obligarme a mirarme en el espejo y ver en mí a alguien capaz de superar cualquier rechazo.

No me has visto obligarme a decir: no quiero a alguien que no me quiera.

No me has visto recoger mis trozos y colgar un cartel de: se vende. Y no sabes lo difícil que ha sido no reírme de mí cuando nadie más lo hacía.

No me has visto obligarme a no volver a marcarme las marcas que me hice cuando creía que verme sangrar era lo que me merecía. A decirle a mi yo de cinco años que se quiera un poco. Que ellos no saben nada. Que no te conocen. Que no te entienden. Que guardas en tus brazos la cura. Que tú eres la cura. Que yo soy la cura.

No me has visto. No me has visto sonreír y ser mi único apoyo. No me has visto aprender a estar solo para poder cuidar de alguien. No me has visto dejándome cuidar sin sentirme culpable ni construir de nuevo las metas explícitas para levantarme.

No me has visto. Y por eso y lamentándolo mucho: quien no ha cambiado has sido tú.

Fabio Romojaro

@fabiete97

Blog: Si los lugares hablaran


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