El curioso origen de Anís del Mono: la historia de una botella con más de 150 años
- Javier Mateo

- 2 jul
- 3 min de lectura
Hay productos que trascienden su propia categoría para convertirse en parte del imaginario colectivo. Pocos ejemplos representan mejor ese fenómeno que Anís del Mono, una marca que, desde hace más de siglo y medio, acompaña sobremesas, celebraciones familiares y recuerdos compartidos de varias generaciones.
Coincidiendo con el Día del Anís, que se celebra cada 2 de julio, repasamos algunas de las historias más curiosas que explican por qué esta botella adiamantada sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de la gastronomía y la cultura popular española.

Una destilería que sigue elaborando el anís como hace más de un siglo
La historia comienza en 1870, cuando Vicente Bosch fundó la destilería en Badalona. Más de 150 años después, la fábrica continúa en funcionamiento y mantiene buena parte de los procesos originales.
El edificio, considerado Bien de Interés Cultural, conserva los históricos alambiques de cobre del siglo XIX, donde todavía hoy se obtiene el aceite esencial que aporta al anís su aroma y personalidad. Una forma de elaborar el producto que apenas ha cambiado con el paso del tiempo y que constituye uno de los grandes valores patrimoniales de la marca.
¿Por qué un mono? La anécdota que dio nombre a la marca
Pocas etiquetas resultan tan reconocibles como la de Anís del Mono, pero pocos conocen el origen de su nombre. La leyenda cuenta que Vicente Bosch, gran aficionado a coleccionar animales exóticos, pidió a un conocido que le enviara uno o dos monos desde América. Sin embargo, un malentendido hizo que el encargo se interpretara como 102 monos.
Bosch donó la mayoría al Zoo de Barcelona y conservó únicamente uno de ellos en la destilería. Aquel animal terminó convirtiéndose en el emblema de una marca que, con el tiempo, acabaría siendo conocida en toda España.

Darwin, una errata y una etiqueta llena de secretos
La famosa etiqueta también esconde varias curiosidades. El rostro del mono presenta rasgos humanos inspirados en Charles Darwin, un guiño al intenso debate científico que provocó la teoría de la evolución a finales del siglo XIX.
Pero aún hay un detalle más llamativo. Si se observa con atención la botella puede apreciarse que la palabra "Destilación" aparece escrita con una letra de más. El error se produjo cuando las etiquetas fueron impresas en Francia y, lejos de corregirlo, la marca decidió mantener aquella errata, que hoy forma parte de su identidad histórica.
La botella que terminó convirtiéndose en un instrumento musical
Si hay un elemento inseparable de Anís del Mono es su característica botella de cristal adiamantado. Su diseño nació tras un viaje de Vicente Bosch a París, donde quedó fascinado por un frasco de perfume cuya forma decidió reinterpretar para su bebida. Sin embargo, con el paso de los años la botella adquirió una función inesperada.
Su relieve permite producir un sonido muy particular al rascarla con una cucharilla o una llave, convirtiéndola en un improvisado instrumento de percusión. Una tradición que todavía hoy acompaña muchas celebraciones familiares y, especialmente, las reuniones navideñas.

De Ramón Casas a Rosalía
La influencia de Anís del Mono también ha dejado huella en el arte. A finales del siglo XIX, la marca organizó concursos de carteles en los que participaron artistas como Ramón Casas, contribuyendo a consolidar una imagen gráfica que hoy forma parte de la historia del diseño español.
Esa conexión con la cultura continúa vigente. En los últimos años, la icónica botella ha aparecido en producciones de artistas como Rosalía, en el videoclip Pienso en tu mirá, o C. Tangana, durante su celebrado concierto para Tiny Desk, demostrando que el diseño sigue siendo un icono para nuevas generaciones.
Una marca que busca conectar con nuevos consumidores
Aunque el anís continúa ligado a la sobremesa tradicional, la firma también quiere adaptarse a los nuevos hábitos de consumo.
Con el lanzamiento de Licores del Mono, la marca amplía su universo con propuestas de menor graduación pensadas para el tardeo y los encuentros informales, incorporando sabores como Verbena de Limón, Sarao de Hierbas o Antojo de Galleta. Una evolución que mantiene la esencia histórica de la casa mientras busca acercarse a un público más joven.



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