Seychelles, un destino seguro, con playas vírgenes y naturaleza intacta


Unos cuantos islotes, perdidos en el Índico, se han convertido en santuario de miles de animales y el último refugio de especies vegetales próximas a la extinción. Son también el paraíso encontrado de unos pocos afortunados humanos. Ahora, viajar a Seychelles es más fácil ya que los turistas pueden acceder con un certificado de vacunación o una prueba PCR negativa. Además, en marzo se estima que todos los habitantes de las islas estén vacunados.


Tierras vírgenes en 115 islas


Flora y fauna convierten las Seychelles en un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza, en un lugar perfecto para el descanso. Porque, a decir verdad, hay poco más en ellas. Sobre sus 1,3 millones de kilómetros cuadrados (casi tres veces la superficie de España) de plataforma marítima, apenas 455 son tierra firme (menos que Ibiza) y la mitad es zona protegida, repartida entre 115 islas, muchas de ellas deshabitadas y en las que la vegetación cubre casi todo. Algunas casas aisladas, pequeños grupos de viviendas, como Victoria, probablemente la capital más pequeña del mundo, y los hoteles constituyen los único reductos humanos. En total viven en Seychelles unos 95.000 nativos.


Además, pocos lugares en el mundo han logrado mantener tan intacta su naturaleza como este. Las playas son pequeñas, limpias y de aguas transparentes; el interior es abrupto y frondoso. En sus mares proliferan todas las especies, desde los pulpos gigantes y los grandes tiburones-ballena, a los minúsculos peces de colores radiantes; en sus cielos vuelan pájaros de cualquier tipo –sólo en Bird Island habitan más de un millón de ellos–; en su tierra, en fin, se encuentran tortugas gigantes, algunas de 300 kilos y casi los mismos años, cobayas, tenrek, iguanas y zorros voladores, una especie de murciélago que es también una delicia gastronómica nacional.


La capital y sus playas



Aunque en Victoria vive un tercio de la población de todo el archipiélago, la capital sigue teniendo una aspecto provinciano, con un encanto colonial tranquilo y un ritmo cadencioso. Cuenta con apenas un par de docenas de calles y hasta hace poco sus vecinos presumían de que solo había un semáforo en toda la ciudad. Vale la pena visitar su animado mercado, en el que los pescados exhiben una brillante paleta de colores, desde azules y plateados a rosados o rojo escarlata como el bourgeois, un pez muy apreciado y sabroso a la parrilla. Las familias de Seychelles consumen pescado a diario y solo los domingos preparan algún plato de carne. También hay que pasear por el ciudad Jardín Botánico Victoria, que reúne casi medio centenar de especies de palmeras, árboles del pan, tamarindos, papayas y otras plantas tropicales, aparte de un centenar y medio de especies de orquídeas, y descubrir algunos edificios coloniales, no siempre bien conservados, abrazados por unas impresionantes montañas que parecen hundirse directamente en las aguas turquesas del océano Índico. El icono de la ciudad es la Torre del reloj, instalada en 1903 cuando las Seychelles se convirtieron en una colonia británica, una réplica de la torre del reloj que aloja el célebre Big sobre el Puente Vauxhall de Londres.


En la costa oeste de Mahé se suceden varias playas espectaculares y los mejores alojamientos. La playa más bonita de la isla es probablemente Beau Vallon, tres kilómetros al norte de Victoria, que ofrece un amplio arco de arena blanca reluciente con sus características palmeras. Hay que disfrutar su auténtico ambiente marinero, con pescadores que venden sus capturas a última hora de la tarde a la sombra de los árboles takamaka tan característicos de las Seychelles. Muy cerca están algunos de los mejores lugares de inmersión para el buceo, donde explorar pecios hundidos espectaculares. Pero incluso en los lugares más visitados, sean la playas o el interior, la sensación de paz y tranquilidad es total. No es raro ver, como en Grand Police, a pocos km al sur de Anse Bazarca, apenas una veintena de turistas que comparte una playa de más de 600 metros.


Algunas veces se llega a pensar que el precisamente el género humano lo que sobra, o al menos los humanos no nativos, los visitantes que llegan a estas islas anhelando el Edén. A pesar de que el turismo es una de las fuentes de ingresos fundamentales para Seychelles, no se muestra una especial preocupación por él. Se lo quiere valorar en términos relativos. La capacidad hotelera de Seychelles es de 6.000 habitaciones y hay 3.000 más previstas pero paralizadas por una moratoria sobre la construcción de grandes hoteles en las tres islas principales, Mahé, Praslin y La Digue, para proteger su medio ambiente y promover establecimientos más pequeños controlados por los seychellenses. El número de turistas que recibe ronda los 370.000 al año.


Las islas


Mahé es la mayor de las islas y donde se encuentran la gran parte de los hoteles. Las comunicaciones de un extremo a otro hay que hacerlas por estrechas ye retorcidas carreteras. Lo más práctico es alquilar un mini-mokes, un pequeño coche que parece de juguete, muy versátil aunque le cueste trabajo subir algunas de las empinadas pendientes.